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Historia

Medios ligados al poder 

A lo largo de la historia de México, los medios masivos han tenido un carácter mucho más político que puramente informativo. Fátima Fernández Christlieb, una de las principales investigadoras sobre la comunicación en México, postuló en 1982 que el nacimiento y desarrollo de los medios se explica por el “momentum político” que cada uno de éstos ha tenido: por las necesidades de determinados grupos o personalidades de crear, aliarse con o apoderarse de medios de comunicación para influir en los procesos políticos, así como para cerrarles el camino a los que consideran rivales o críticos.

Arquetipo de ello son dos decanos del periodismo mexicano, El Universal (fundado en 1916) y Excélsior (fundado en 1917 y relanzado en 2006), quienes surgieron para apoyar facciones políticas en la etapa posterior a la Revolución Mexicana, dependiendo de la época electoral, se les ha vinculado a las élites políticas.

Aunque México lleva una veintena de años en lo que algunos llaman “transición a la democracia”, el patrón descrito por Fernández Christlieb ha cambiado poco, como lo muestra la inestabilidad de la industria con el auge de nuevas empresas que duran poco tiempo en el mercado. Con el ambiente de confusión, competitividad feroz e incivilidad política que prevalece en la ruta a la sucesión presidencial de 2018, el fenómeno se repite con una ola de nuevos portales web, ataques contra las escasas cabeceras realmente periodísticas y hostigamiento contra periodistas críticos, que con frecuencia deriva en asesinatos.

Como expresión trágica de esta situación, México no falta en las listas anuales de naciones con mayor número de muertes violentas de informadores, y a pesar de que suele presentarse como un Estado con instituciones funcionales y una élite política que defiende la libertad de expresión y a los medios, en este rubro suele aparecer en compañía de estados fallidos como Siria, Irak, Somalia y Afganistán.

En el discurso oficial, los principales enemigos de los periodistas son los narcotraficantes y criminales, pero los informes de organismos internacionales señalan a funcionarios públicos y agentes del Estado como los responsables de más de la mitad de las agresiones. En junio de 2017, además, el gobierno de Enrique Peña Nieto fue señalado en un reportaje de The New York Times de utilizar software de espionaje ultramoderno para intervenir las comunicaciones de periodistas y líderes sociales a gran escala.

Prensa moderna y revolución 

Las facciones en pugna en la Revolución Mexicana crean los primeros diarios de gran tiraje, El Universal y Excélsior. En el artículo 6º de la Constitución, aprobada en 1917 y todavía vigente, se garantiza la libertad de prensa y se prohíbe la censura. No obstante, los caudillos no dudaron en utilizar a los medios en su disputa por el poder.

Tras las primeras transmisiones de radio, de 1921, las emisoras comerciales empezaron a ser establecidas en 1922. El nuevo medio jugó un papel clave para que la facción de los sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles se consolidara en el poder, a lo largo de esa década, en los 30, para impulsar la política de educación revolucionaria del presidente Lázaro Cárdenas, que se propuso alfabetizar e instruir a una población mayoritariamente campesina.

La radio creció rápidamente en todo el país, pero eso también amenazaba con debilitar el poder central a favor de figuras locales. El gobierno federal realizó esfuerzos por controlarlos y, a su favor, sirvió la aparición de un nuevo medio, destinado a ganar una influencia mucho mayor que la radio, y con la ventaja añadida de ser mucho más costoso de montar y operar, limitando el acceso de participantes: la televisión, en 1950. El sistema de concesiones del espectro radioeléctrico, como facultad exclusiva del Estado, facilitó no sólo la homogeneización política de los contenidos, también que el presidente del momento –Miguel Alemán– y sus asociados entraran al negocio con grandes ventajas.

De Tlatelolco a la derrota del PRI 

En el control de los medios de comunicación sólo se hicieron algunas fisuras ante una matanza de estudiantes, cometida por el Ejército en la Ciudad de México, el 2 de octubre de 1968. Sólo Excélsior, dirigido por el periodista Julio Scherer, dejó pasar información que cuestionaba la versión del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, de que los militares habían respondido sólo tras ser atacados a balazos por subversivos comunistas, y que el número de víctimas había sido bajo.

Durante la primera mitad de los 70, Excélsior actuó moviéndose entre la lealtad al sistema y actos de periodismo crítico, hasta que el presidente Luis Echeverría orquestó el golpe que devolvió al periódico a la órbita gubernamental, en 1976. Expulsado del diario, el grupo de Scherer fundó Proceso, el semanario que durante casi dos décadas fue el principal y a veces solitario exponente del periodismo de investigación en el país. Como objeto temprano de campañas de boicot publicitario (que el presidente José López Portillo consagró con una frase famosa que revela el concepto patrimonialista del presupuesto: “No pago para que me peguen”), Proceso se vio obligado a desarrollar un nuevo modelo financiero, normal en otras latitudes pero hasta entonces desusado aquí: la venta de ejemplares como fuente primordial de ingresos.

Esa revista y el diario La Jornada, creado por otro sector del grupo que salió de Excélsior, se convirtieron en los únicos medios independientes en un momento crítico para el sistema priísta, las elecciones presidenciales de 1988, en las que el candidato oficialista Carlos Salinas de Gortari se impuso mediante un fraude electoral. La inmensa mayoría de la población, sin embargo, se informaba por los canales de la cadena Televisa, cuyo dueño, Emilio Azcárraga Milmo, se autodefinió públicamente como “un soldado del PRI”.

Para enero de 1994, cuando nuevos comicios generales fueron precedidos por el levantamiento guerrillero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, dos periódicos más escapaban a la línea oficial: Reforma y El Financiero, ambos ligados a sectores empresariales.

Aunque esos dos medios sólo podían aspirar a llegar al círculo rojo, es decir, a núcleos políticos e intelectuales importantes por su influencia en la toma de decisiones pero alejados de la población, se percibía viento fresco en el escenario mediático, en medio de una crisis del sistema que obligó a ceder espacios importantes a los opositores, como la Ciudad de México, que por primera vez arrojó un Congreso sin mayoría priísta, dividido en tres, en 1997. Esto antecedió a la derrota del candidato presidencial del PRI, en 2000, y acabó con su hegemonía de 71 años ininterrumpidos.

Una transición en falso

Ni doce años de presidentes del Partido de Acción Nacional (PAN) ni el retorno del PRI, con Peña Nieto en 2012, cambiaron la relación entre el poder y los medios. En cambio, los grupos económicos más grandes aceleraron la concentración del sector.

Y aunque a principios de siglo se aprobaron leyes que permitieron el acceso a la información y promovieron la transparencia, estas medidas se vieron desvirtuadas por actos sistemáticos de bloqueo, en los que las instancias oficiales simplemente recurren a declarar los datos inexistentes o clasificados por seguridad.

Los medios que tienen recursos para financiar el periodismo de investigación apuestan por éste intermitentemente, abriendo espacios en tiempos no electorales y limitándolos cuando las elecciones se avecinan. En cambio, los medios que quieren hacerlo, carecen de recursos. Por eso, grupos de periodistas se organizan en colectivos o acuden a financiadoras internacionales para poder hacer su trabajo: ahora se hace más periodismo de investigación que nunca, pero se publica principalmente en medios nativos digitales, que aunque han incrementado sus audiencias aún no tienen la penetración de prensa, radio y televisión tradicionales.

El año 2016 se convirtió en el más mortífero para los comunicadores, con once periodistas asesinados, una cifra que en 2017 fue igualada en octubre, para sumar 38 reporteros victimados en el sexenio. En diciembre de ese año, los relatores de libertad de expresión de la ONU y de la CIDH denuncian que el periodismo en México “se ejerce bajo condiciones de terror”.

La cobertura de la campaña presidencial de julio de 2018 parece desenvolverse bajo esas mismas tradiciones emanadas en la época posrevolucionaria, con medios alineados editorialmente con alguna de las facciones que detenta o podría obtener el poder político.

 

Cronología histórica de México 

 

1325 Fundación de la ciudad de México-Tenochtitlán

1519 Hernán Cortés inicia la conquista de México

1521 Caída de México-Tenochtitlán

1810 Inicio de la Guerra de Indepenencia con España

1821 Consumación de la Independencia

1836 México pierde la Guerra de Texas

1846-48 Invasión estadounidense. Se consuma la pérdida de Texas y se suman las de Nuevo México y la Alta California

1857 Separación Iglesia-Estado con la Constitución de Benito Juárez

1861-67 Invasión y derrota francesa

1910 Inicio de la Revolución Mexicana

1917 Se aprueba la Constitución vigente

1919 Asesinato de Emiliano Zapata

1926-29 Guerra Cristera

1929 Inicia la época del PRI como partido hegemónico

1938 Lázaro Cárdenas nacionaliza la industria petrolera

1968 Movimiento estudiantil y masacre del 2 de Octubre

1988 Carlos Salinas de Gortari llega a la Presidencia con un fraude electoral

2000 El PRI pierde la Presidencia por primera vez. Gana el conservador PAN

2006 Felipe Calderón llega a la Presidencia con ventaja de 0.5% de los votos, entre denuncias de fraude electoral

2007 Calderón lanza la “guerra contra el narco”. El índice de homicidios y la cifra de desapariciones empiezan un ascenso imparable

2012 El PRI recupera la Presidencia con Enrique Peña Nieto

2014 Escándalos de la Casa Blanca, la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa y las matanzas de Tlatlaya, Apatzingán y Tanhuato

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