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Economía

La modernización fallida

México es una paradoja para la comunidad internacional y para sus habitantes. Desde principios de siglo, entidades bancarias internacionales han pronosticado un destacado crecimiento de la economía mexicana. El banco de inversiones Goldman Sachs, por ejemplo, estimó en su addendum al informe BRIC de 2004 que, en 2050, el PIB de México sería el quinto mayor del mundo, por encima del de las naciones europeas y sólo por detrás de los de China, Estados Unidos, India y Brasil.

No se ven, sin embargo, señales de que esto ocurra o vaya a ocurrir. La modernización de México bajo el modelo neoliberal ha dejado resultados decepcionantes: los de una economía que funciona por debajo de su potencial, con un crecimiento promedio de 2% anual en las tres décadas más recientes. Además, las brechas se amplían: entre 1988 y 2008, el 70% de los habitantes se rezagó en su posición relativa al resto del mundo y el 10% la mejoró. Oficialmente, 55 millones de personas viven en situación de pobreza –casi la mitad de su población–, aunque esta cifra ha sido puesta en duda por expertos, quienes afirman que la cifra real ronda los 70 millones de pobres, con unos 27 millones en pobreza alimentaria, es decir, que no saben si podrán comer mañana.

En todo caso, la economía de México es un recorrido estilo montaña rusa: a principios del siglo pasado, más de la mitad de la población vivía en pobreza extrema. Luego, el Milagro Mexicano, de 1940 a 1970, generó un crecimiento promedio del 6% anual gracias a una estabilidad nunca antes vista para un país en América Latina, con mejorías en casi todos los rubros.

La incorporación al neoliberalismo provocó una sucesión de crisis económicas en 1982, 1987 y 1994. El llamado Efecto Tequila provocó una caída del 14% en 1995 y arrasó con una clase media que, convencida por un discurso gubernamental optimista, empezaba a invertir en la bolsa, vio sus ahorros desaparecer y se sumergió en deudas.

Los gobiernos de los presidentes Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón hicieron énfasis en la ortodoxia neoliberal, la estabilidad macroeconómica y la integración al mercado acentuando la condición de la economía mexicana como apéndice de la de Estados Unidos. Esto le costó a México su autonomía y perder áreas de los sectores productivos como el agrícola. La dependencia eventualmente no salvó al país, sino que lo hizo vulnerable a golpes externos, como la crisis financiera de 2008

Aunque los efectos de esa contingencia no se han dejado de notar, la llegada a la Presidencia de Enrique Peña Nieto, en diciembre de 2012, vino acompañada de una intensa operación de relaciones públicas que introdujo la idea de que el país vivía su Mexican Moment, una especie de renacimiento económico que tendría impacto en la sociedad y la política. Los medios más influyentes del mundo llevaron a Peña Nieto a sus portadas, y promovieron –con cuadernillos de interiores pagados por el gobierno mexicano– las “reformas estructurales” de su administración en energía, telecomunicaciones, finanzas, educación y sistema político.

Los beneficios prometidos quedaron muy debajo de las expectativas. El gobierno se vio prontamente envuelto en grandes escándalos de corrupción y varios eventos de violaciones graves a los derechos humanos terminaron por destruir la imagen de Peña Nieto y su cúpula. The Economist, una de las revistas que construyó su relumbre mundial, terminó por derribarlo en enero de 2015 con una portada que aseguraba que el presidente “no entiende que no entiende”.

En 2016, por segundo año consecutivo, el PIB por habitante quedó en 8,201 dólares por persona, 500 dólares menos que el de 2006. Y el crecimiento se mantendrá en la mediocridad: el ahora expresidente del Banco de México Agustín Carstens, quien dejó esa posición de manera anticipada ocupar la presidencia del Banco de Pagos Internacionales, incluso anunció un recorte del pronóstico de crecimiento del PIB para el 2017, del rango previsto de entre 2% y 2.5% a un crecimiento de entre 1.8% y 2.3%.

A pesar de tener una economía estancada, el sector de información y medios masivos en México está en primer lugar en tasa de crecimiento, por encima de áreas estratégicas para el desarrollo nacional como el sector financiero y de seguros o el de agricultura. La creación y licitación de nuevas cadenas de televisión, radiodifusoras y el “boom” de internet ha provocado que las telecomunicaciones y medios crezcan a un 8,6 por ciento, más del triple que la economía nacional, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

Sin embargo, esto no ha beneficiado por completo a la sociedad mexicana: una de cada cinco quejas en la Procuraduría Federal del Consumidor se inician contra empresas de telecomunicaciones.

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