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Periodistas pobres, periodistas muertos

Las precarias condiciones laborales en un sector vigoroso

Pese a que en México el sector de medios crece casi cuatro veces más que la economía nacional (8,6% contra 2,5%, respectivamente), la disparidad entre una industria vigorosa y las precarias condiciones laborales es descarada. La brecha entre lo que perciben los millonarios dueños de los medios y la mayoría de los empobrecidos reporteros que dan forma a los medios es abismal: los primeros, millonarios y sentados a la derecha del poder; los segundos, pobres y luchando mejores condiciones de seguridad para no ser las siguientes víctimas letales.

A finales del año pasado, Reporteros Sin Fronteras emitió su balance anual sobre agresiones a periodistas y concluyó que, con 11 reporteros asesinados en 2017 México se ubicó como el país más letal sin una guerra formal. Arriba de México sólo estaba Siria y debajo países con severos problemas de seguridad, como Afganistán, Irak y Filipinas.

De acuerdo con un reporte publicado por el capítulo en México de la organización internacional Artículo 19, un año antes, en 2016, casi el 50 por ciento de las agresiones a representantes de medios de comunicación provienen de servidores públicos, principalmente miembros del Ejército y policías federales. En el caso de homicidios, desapariciones forzadas, lesiones y amenazas es muy difícil que se concreten las investigaciones contra funcionarios de gobierno y es más improbable que terminen en sentencias que castiguen a los responsables y reparen el daño causado a las víctimas. 

Uno de los crímenes recientes que más conmovieron al gremio periodístico mexicano, y a la sociedad en general, fue el asesinato a plena luz del día del premiado reportero y editor, Javier Valdez, considerado uno de los grandes especialistas en el tema de crimen organizado y la crisis de seguridad que azota al país desde la declaratoria de guerra contra el narcotráfico en 2006. A partir de aquel homicidio, en mayo de 2017, cientos de reporteros iniciaron un debate sobre cómo es posible mejorar la seguridad personal y profesional a la hora de investigar los temas que importan a la sociedad mexicana. Entre las conclusiones de varias mesas de trabajo estuvo exigir mejores condiciones de trabajo a los dueños de los medios.

Al analizar los 42 medios seleccionados por Mom México, una constante surgió en la investigación: la mayoría de lus dueños son descritos como “billonarios”, “magnates”, “poderosos”, “influyentes”. Los montos reales de sus fortunas están muchas veces escondidas al público, esquivas entre paraísos fiscales y fideicomisos opacos. Sin embargo, los nombres de estos magnates suelen aparecer en las revistas de negocios que siguen las historias de los mexicanos más ricos.

En la lista de las 16 mujeres y hombres más acaudaladas de México que anualmente hace la revista Forbes aparecen tres propietarios o socios de los medios de comunicación más influyentes del país: Carlos Slim Helú (América Móvil), Ricardo Salinas Pliego (Grupo Salinas) y Emilio Azcárraga Jean (Grupo Televisa).

Pese a sus fortunas familiares, los dueños de los medios en México pagan salarios precarios: en 2013, el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight de la Universidad de Texas retomó un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad, que encontró que el periodismo es uno de los cinco trabajos peor pagados en el país con un salario promedio de 7 mil 973 pesos al mes, es decir, aproximadamente 610 dólares. Ese sueldo se ha ido degradando en los últimos años: la empresa de recursos humanos Indeed ubicó en marzo de este año que la media salarial para un reportero mexicano es de apenas 4 mil 560 pesos al mes (245 dólares), de acuerdo con los sueldos de 835 ofertas de trabajo. El salario promedio de un profesionista mexicano es de unos 11 mil pesos mensuales (615 dólares).

Entre los casos más extremos, un reportero de El Sol de Tlaxcala, propiedad de Organización Editorial Mexicana (OEM), uno de los grupos mediáticos más importantes y analizado en este estudio, dijo ganar 5 mil pesos mensuales. Otro reportero, radicado en Tamaulipas, uno de los estados más violentos del país donde la autocensura es ampliamente usada para sobrevivir a los cárteles de la droga, aseguró que su pago promedio es de 500 pesos, unos 27 dólares, por cada nota que envía a dos de los portales digitales más influyentes del país y analizados por este equipo.

Con esos salarios, la mayoría de los periodistas trabajan en condiciones precarias e inseguras: en muchas ocasiones deben hacer sus investigaciones usando transporte público en zonas peligrosas, sin un seguro de gastos médicos o de vida, sin capacitación en coberturas seguras ni equipo adecuado –teléfonos con geolocalizador, cámaras de fotografía– para su trabajo.

En los casos más extremos, los reporteros mexicanos con salarios precarios deben buscar un segundo trabajo o ingreso para completar el gasto familiar, desde trabajar como chofer de un taxi hasta hacer labores de vigilancia para los cárteles de la droga, lo cual aumenta su riesgo de convertirse en víctimas. 

Las últimas cifras por parte de organismos defensores de periodistas indican que en México un comunicador es agredido cada 26 horas. Y la situación de vulnerabilidad va creciendo: este sexenio está superando al anterior en letalidad y el anterior fue superado por el anterior. Como consecuencia, varias universidades en estados clave para la democracia del país, como la Universidad Popular Autónoma de Puebla y la Universidad de Morelia, han cerrado las carreras de periodismo ante la baja afluencia de inscripciones, motivada por los bajos salarios y el alto riesgo de informar en México.

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